El Súper motivo por el que River homenajeará al Beto Alonso ante Belgrano :: Olé

Hay goles. Hay golazos. Y después están esos goles que se convierten en historia pura. Como los dos que Norberto Alonso le clavó a Boca el 6 de abril de 1986, en ese superclásico que River ganó 2-0 y que quedó inmortalizado por un detalle que todavía hoy genera sonrisas en Núñez: l a famosa pelota naranja.

Y es por eso que este domingo, en la previa del partido frente a Belgrano y a 24 horas de un nuevo aniversario de aquel partidazo, el Monumental aplaudirá al héroe. Al Beto, protagonista excluyente de aquella tarde impecable e histórica.

El Beto Alonso junto al presidente Stefano Di Carlo.El Beto Alonso junto al presidente Stefano Di Carlo.

El Beto Alonso la rompió en ese River ya jugaba con la chapa de campeón. El equipo del Bambino Veira había arrasado en el torneo y llegó a la Bombonera para dar la vuelta en la cara del rival de toda la vida. Un año que terminaría con la Libertadores y la Intercontinental en las vitrinas.

Pero la película tuvo un protagonista excluyente. Y también un objeto inesperado. Porque entre una lluvia interminable de papelitos apareció esa pelota naranja, que se usó para que el juego no se perdiera entre tanto blanco. Y claro… si había que escribir una escena mítica, el Beto no iba a faltar a la cita.

Iban 30 minutos cuando Alonso metió el salto justo, el frentazo perfecto y dejó una de las fotos más icónicas de la historia del Súper. Después vendría el segundo, para completar el doblete y el show. Una actuación consagratoria, de esas que terminan de construir ídolos. El Beto esa tarde la rompió toda.

Cabezazo de Alonso y la pelota naranja al fondo del arco de Gatti.Cabezazo de Alonso y la pelota naranja al fondo del arco de Gatti.

Hoy, 40 años después, esa pelota sigue girando en la memoria riverplatense. No es sólo un recuerdo vintage: es una bandera futbolera. Una demostración de que los clásicos también se juegan con la cabeza… y con el corazón.

Por eso el Monumental lo volverá a ovacionar. Porque hay tardes que pasan. Y hay otras, como la de la pelota naranja, que no se apagan nunca.

Fuente: www.ole.com.ar

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